El papel de la gestión clínica

(Dr. José Pedro Ibargoyen. Columna del Regional Norte del Colegio Médico del Uruguay)
El ejercicio de la medicina se trata de una actividad fascinante para quienes la ejercen con vocación. Los avances tecnológicos en instrumentos diagnósticos y medicamentos son herramientas de gran utilidad en esta tarea, pero también se constituyen en desafíos para un ejercicio “asertivo”, ya que la abundancia de información, genera presiones para su aplicación.
Sin embargo, una correcta atención médica, no necesariamente está asociada a la multiplicidad de recetas en exámenes y medicamentos, e incluso en ocasiones, ello genera confusiones, información sin trascendencia o efectos colaterales indeseables.
El médico y el paciente deben seguir siendo los protagonistas en una consulta, la relación empática y humana no pueden ser sustituida por aquellas herramientas auxiliares a ese vínculo, por lo que la gestión clínica, entendida como la obtención de la información semiológica necesaria para realizar un diagnóstico orientado a resolver un motivo de consulta y sus causas, debe pregonarse como base de una atención más eficiente.
En 2006 Shannon Brownlee y M. Porter publicaron respectivamente las obras “Sobretratados” y “Redefinir el cuidado en salud” y en 2007 se publicó “Reseteando los tratamientos”.
Estas publicaciones generaron un estallido de críticas a una provisión de servicios asistenciales basada en el consumo, en vez de en el valor. A partir de aquí se ha ido introduciendo el concepto porteriano de valor, como la percepción que las personas tienen de la efectividad en relación al costo del proceso.
En el 2017 se publicó en la revista The Lancet un trabajo de Kleinert y Horton denominado “Cuidado Correcto” en el que sus autores definieron el nuevo concepto de gestión clínica como la atención a la salud que aporta más beneficios que efectos no deseados; teniendo en cuenta las circunstancias de cada paciente, sus valores e idiosincrasia, y que además se sustenta en la mejor evidencia disponible, incluyendo los estudios de costo/efectividad.
En el mismo trabajo se asegura que las prácticas clínicas de bajo valor pueden representar entre un 25% y 33% de los gastos de salud, derroche que atraviesa a todos los prestadores.
El sistema sanitario del Uruguay, financiado mayoritariamente por fondos públicos y con prestaciones integrales, exige a los proveedores de salud, administrar las obligaciones, además de las necesidades percibidas por los beneficiarios, tarea harto desafiante particularmente en el interior, donde el acceso a los recursos humanos especializados y a la tecnología implica mayores esfuerzos.
En tiempos de aumento del porcentaje de la población mayor de 65 años, multitratada, plurimedicada y sobrediagnosticada, se nos presenta la gestión clínica como herramienta fundamental, que toma en cuenta a los individuos, a los profesionales de la salud, a la sociedad que financia el sistema y al sector político, como un elemento novedoso, aunque no nuevo, de resolución complementaria e integral, en beneficio de la sociedad toda.
El Colegio Médico, y en particular sus regionales del interior, tienen la oportunidad de impulsar con las nuevas autoridades, gremios e instituciones, mecanismos para dar satisfacción y resultados a las necesidades de los usuarios del sistema, educando, comunicando y gestionando recursos asertivamente.