RELATOS DEL SALTO ORIENTAL


Cosas que trae la bajante
Al final la advertencia resultó cierta ,»mejor no pasar «.
Pero la verdad es que nunca fui de obedecer y no le iba a hacer ahora,imagínate con 43 años ya soy más un árbol torcido.
Por la bajante del río quedaban al descubierto espacios de tierra que antes no se podían ver. Eso me motivaba a qué podría encontrar algún objeto extraviado que tuviera algunos años. Y por eso camine sin darme cuenta que estaba llegando a la orilla de la costa. Cuando de repente levanté la cabeza, ví como se erguían los hierros que salían de la tierra. Puede parecer subrrealista pero parecían plantados en el lugar.
Caminaba con precaución para no llamar la atención de los efectivos de prefectura que me podrían invitar a retirarme por andar en la zona vallada.
El desobediente no era yo solo , y a juzgar por la sarta que llevaba ,la pesca de la tarde no había sido muy buena , y así se lo pregunté a riesgo de parecer impertinente,al viejo pescador que se retiraba con cuidado de no errar el paso entre las piedras.
No vamos a decir que se generó una charla en el sentido estricto de la palabra pero hubo un intercambio de preguntas y respuestas.
Sobre los hierros me dijo que no era un muelle como algunos lo afirman,había sido un barco que a principios de siglo se prendió fuego por una impericia del cocinero que se le insendio la cocinilla mientras cocinaba aquella tardecita salteña de 1903.
Al parecer la tripulación no recibió la orden de partir y decidieron amarrar en la costa y pasar la noche allí. No eran días fáciles, los enfrentamientos civiles se sucedían con bastante frecuencia y un lugar tranquilo en el norte no era muy fácil de encontrar. Al menos en la embarcación estarían a resguardo.
Según siguió contando el cocinero que acompañaba con licor su tarea de la cocina , no le dió el tiempo de reaccionar por qué el fuego tomo toda la sala por completo de golpe , inundando con un humo tan nauseabundo como espeso.
La embarcación se perdió por completo , no hubieron más de tres sobrevientes, concluyó agachando repentinamente la cabeza.
Usted sabe ,le respondí, que me gusta mucho la historia de Salto , y si bien conocía la historia de la embarcación que se incendio nunca conocí esos detalles que usted me cuenta con tanta exactitud.
Yo – Y a propósito ¿como es que sabe tanto y con tanto lujo de detalles ?
El viejo- En cada bajante siempre aparece algún curioso y yo que no me he podido ir del lugar
aprovecho y cuando los veo interesados les relato esta historia.
El Viejo – No sé si te han dicho, pero sos muy parecido a tu padre, tanto así que cuando se la conté hace treinta años el me escuchó con la misma atención que vos.
¿Que le dije ? Pero no me dió mucho tiempo de continuar ni de advertir que se hizo del viejo porque dos afectivos de prefectura me indicaron que me debía retirar por precaución.

Abel Buslon

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