Las señales eran claras en los últimos días, cuando comenzaron a capturar embarcaciones que partían desde Venezuela hacia Estados Unidos y el país caribeño no decía absolutamente nada. Tampoco hablaron cuando les incautaron barcos petroleros, y todo eso hacía presumir que el régimen chavista estaba llegando a su fin.
Están en el poder desde 1998 por el voto popular, donde Hugo Chávez logró ganar las elecciones y gobernó con uniforme militar y mano de hierro, deteriorando la democracia progresivamente.
Un fallido intento de golpe de Estado perpetrado en 2001 por la derecha venezolana, cimentó aún más al chavismo que desplegó a través de la fuerza militar medidas autoritarias, como una reforma constitucional que impuso al país reelecciones indefinidas para quedarse en el poder, destrucción de la clase política y terrorismo de Estado.
Hay mas de 1 mil presos políticos, fue anulada la libertad de prensa y los opositores han sido perseguidos y ejecutados. Millones han abandonado el país por el hambre, la desocupación y la opresión.
Michelle Bachelette, la ex presidente socialista de Chile y Alta Comisionada para la Mujer en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) había deunciado la serie de ejecuciones sumarias en Venezuela a opositores del gobierno, lo que le valieron críticas de partidos de izquierda, incluso de sectores del Frente Amplio.
El facismo, la opresión, la mano dura y la hambruna generalizada para el enriquecimiento de unos pocos, fue el acabose del régimen de Nicolás Maduro, que decía ser de izquierda pero que no contaba con el apoyo ni de Lula Da Silva ni del gobierno de centroizquierda de Uruguay.
Es alarmante de igual manera que se haya dado una intervención militar en un país latinoamericano, pero desde hace tiempo la tiranía y la opresión de su gobierno hacia su propio pueblo, era insostenible.
Ahora, que Maduro sea juzgado para saber la verdad sobre el régimen venezolano.
