• 18 de mayo de 2026 03:16

DEL LADO DE LA GENTE

CUANDO EL PERIODISMO HABLÓ POR LA GENTE

Dic 17, 2025

Lo que se vivió en el Hospital Regional de Salto no fue una conferencia de prensa más. Fue el reflejo de un clima social cargado, de dolor contenido y de una comunidad que exige respuestas tras el fallecimiento de Jona Núñez. Todo comenzó con una convocatoria imprecisa, sin detallar el motivo del encuentro, lo que ya generaba expectativa y ansiedad entre los periodistas, sabiendo que el tema a tratar era de conmoción pública.

La conferencia se retrasó. El motivo: la directora del hospital, Gabriela González, decidió reunirse previamente con los familiares del joven fallecido. Mientras tanto, en el salón de actos, los comunicadores aguardaban sin información, con el malestar creciendo minuto a minuto.

A ese escenario se sumó la presencia de dirigentes políticos del MPP, que se acomodaban en la tribuna con evidente intención de participar o respaldar a la jerarca, una situación que fue leída por varios periodistas como un intento de condicionar el desarrollo de la conferencia.

La paciencia se agotó. Cuando trascendió que la demora obedecía a una reunión con los familiares, todos los periodistas bajaron a la Dirección del hospital, entendiendo que la palabra que importaba en ese momento no era la institucional, sino la de quienes estaban atravesados por el dolor.

Allí se produjo una fuerte discusión cuando desde la Dirección se insistió en trasladar nuevamente la conferencia al salón de actos, donde aguardaban los dirigentes políticos.

Finalmente, se dio la orden de desalojar la sala. Salieron todos. Incluso una diputada suplente, que debió retirarse. El mensaje fue claro: la conferencia no sería un acto partidario.

Lo que siguió quedó expuesto ante cientos de personas que siguieron la instancia en vivo, gracias a periodistas que decidieron transmitir sin filtros.

La audiencia fue testigo de un desenlace tenso, con una directora que, frente a preguntas concretas, apeló reiteradamente al secreto médico y aseguró desconocer por completo el reclamo público que Jona Núñez había realizado durante meses en redes sociales, un reclamo que había sido compartido miles de veces.

La lectura de un comunicado cuidadosamente redactado, el tono defensivo y la insistencia en el desconocimiento del caso contrastaron con la realidad digital, mientras a su lado observaba atentamente quien maneja la comunicación y las redes sociales del hospital, en una escena que muchos interpretaron como una contradicción difícil de explicar.

Pero más allá de lo dicho —y de lo no dicho—, lo verdaderamente trascendente fue otra cosa.

En esa conferencia, los periodistas dejaron por un momento su rol tradicional. No para perder objetividad, sino para ponerse del lado de la gente. Hablaron como hablaría un familiar, un amigo, un vecino. Preguntaron lo que la calle pregunta. Insistieron donde el silencio pretendía imponerse.

Porque el periodismo, al final del día, es el sentir del pueblo. Es el último eslabón cuando ya no quedan herramientas. Es incómodo, molesto, incórruptible cuando decide serlo. Muchas veces se lo acusa de “hacer mandados”, pero cuando la situación lo exige, es el que hace temblar a los poderosos, el que presta su voz a quienes no tienen micrófono.Y quedó claro algo más: no les tiembla la voz.

Lo que pasó en esa conferencia no fue solo un cruce entre prensa y autoridades. Fue una muestra de que, cuando el dolor es real y las respuestas no llegan, el periodismo se convierte en justicia social.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *