El video de dos adolescentes tomándose a golpes de puño en plena vía pública, insultándose y protagonizando un episodio de violencia, causó estupor, no sólo por el acto de virulencia con el que actuaron las dos adolescentes que se atacan entre sí con tremenda saña, ante la mirada impávida y hasta alentadora de sus compañeros, que solo y tristemente se limitaron a filmarlas con sus teléfonos celulares, sino que lo peor de todo, fue la lamentable intervención del padre de una de las jóvenes.
Porque si bien desconocemos el contexto del hecho, ya que en este caso y como en todas las cosas debe haber un origen que desconocemos, que el desenlace haya sido que dos chicas se tomen ferozmente a golpes de puño y que encima una de ellas haya sido protegida por sus padres en ese momento, no deja de ser algo lamentable sino además triste y repudiable.
Los problemas de violencia que existen en nuestra sociedad son estructurales, por algo la inseguridad es el principal problema que tiene el país y también, junto con la falta de empleo, el departamento de Salto.
No es casualidad que haya altos índices delictivos cuando permitimos que dos personas, jóvenes, mujeres, se tomen a golpes de puño y fomentemos esa situación, pero además las alentemos a que lo hagan como si fuera algo positivo.
Porque los adolescentes no están solos cuando cometen barbaridades como esas, de tomarse a golpes entre ellos hasta lastimarse, sino que son apañados por adultos, que en el incumplimiento de sus deberes inherentes a la Patria Potestad, fomentan este tipo de acciones.
La violencia intrínseca que permanece entre los jóvenes, solamente genera más violencia cuando es apañada y solapada por los adultos referentes, que buscan descargar su bronca, angustia y frustración a través de lo que hacen sus propios hijos.
Dicho esto, opino que fue peor la actitud del padre que apañó y consideró que estaba bien la actitud de su hija, incluso maltratando a otra joven que quiso separarlos, que la reacción de su propia hija al tomarse a golpes de manera violenta con otra adolescente.
Los padres debemos siempre buscar la solución a través del diálogo, para que los adolescentes aprendan a vivir de esa manera, conversando y promoviendo la tolerancia; y crezcan en un mundo donde la palabra sea la que dirima los conflictos y no la espada.
