La Universidad de la República en Salto necesita más presupuesto para poder funcionar como debe hacerlo. Chocolate por la noticia, me podrían decir algunos, pero la realidad es que le va la vida en que le otorguen más recursos, si piensa la institución fortalecerse como tal.
Para eso, debería primero exigirle a la propia casa de estudios a través del Consejo Directivo Central (CDC), que le asigne una mayor porción de los recursos que tiene, que son finitos, pero que existen.
Y luego, las autoridades del ahora llamado Cenur del Litoral, tendrían que sentarse en el Parlamento a tratar de convencer y sobre todo, hacerle entender a los legisladores -principalmente del Frente Amplio que representan al gobierno nacional- la necesidad imperiosa que tiene esta casa de estudios del norte, de que le estiren un poquito más la frazada, como le llaman al presupuesto nacional, para por lo menos taparle la rodilla a este asentamiento universitario del norte uruguayo, que empezó a funcionar en el año 1957 y no en el 2005.
Cuando en el año 2002, en plena crisis, se inauguró el entonces moderno edificio de la sede Salto de la Universidad, se terminó recortando ese mismo año el presupuesto para comprar el equipamiento del mismo y muchas de las clases se dictaron con sillas de plástico, en el mejor de los casos, que eran prestadas por la Intendencia del entonces escribano Eduardo Malaquina, impulsor de ese edificio para que la Universidad se quedara en Salto.
Después vino el Frente Amplio y le brindó el presupuesto necesario para fortalecer su andamiaje, equipamiento, laboratorios, recursos humanos, más edificios, pero este chorro se cortó hace rato, más no el crecimiento explosivo de la matrícula estudiantil.
Salto no se olvida de lo que ha hecho la Universidad de la República por la comunidad toda. Ni en la pandemia, ni cuando tiene que aportar un estudio sobre la calidad de las aguas termales para vender mejor el turismo local, ni cuando hace algún otro aporte y la sociedad más que se lo agradece.
Pero las autoridades universitarias también deben saber que ese tipo de actividades y trabajos que realiza la academia en pos de aportarle algo a la sociedad, y por el que Juan Romero, director de la sede local pide un aplauso (como lo dijo en el programa Animal Político de Canal 4), no es más que el ida y vuelta que debe tener con la población, que es la que paga sus impuestos para solventar el funcionamiento, la infraestructura y los salarios de los docentes y no docentes de la Universidad de la República.
Y que es uno de los postulados que tiene en la Ley Orgánica de la institución, del año 1958, que es la Extensión Universitaria, que no sólo comprende brindar servicios curriculares como el Consultorio Jurídico, acaso el de mayor impacto en Salto, sino además devolver algo a la sociedad, como esas contribuciones que ahora encima se jactan de hacerlas. Y cuando se ofenden porque les dicen que son un «comité de base», es porque usan a la institución para sus aspiraciones partidarias, como embanderarla haciéndola tomar posición con una ley política como ocurrió con la LUC en 2022.
Acá hay un debe de los gremios universitarios, que como sus representantes son afines al Frente Amplio, como el director de la Udelar Salto, que nadie le quita mérito porque fue elegido para el cargo por la democracia interna que tiene la institución, pero también como te digo una cosa te digo la otra, es militante del MPP, sector que gobierna el país, y por eso los reclamos han sido siempre entre cuatro paredes y no salieron a las calles vestidos de luto como cuando gobernó la Coalición entre 2020 y 2025.
Está bien que militen, pero no utilizando el cargo de la Universidad para embanderar a la institución con su ideología particular y es por eso que la casa de estudios, está estancada y no crece, porque sus autoridades permiten que el sistema político partidario domine los intereses de la institución.
Y son tan evidentes en esto, que ni siquiera disimulan. Porque después que las autoridades universitarias locales le pidieron a los tres diputados por Salto, que dieran la pelea en el parlamento para conseguir los fondos que faltaban para construir el aulario que necesitan para albergar a los estudiantes que no tienen espacio, solamente los diputados Pablo Constenla y Horacio de Bum levantaron la mano, pero Alvaro Lima, siguiendo a todo el Frente Amplio no lo hizo.
Porque esa fuerza política no estaba de acuerdo con dotar de una partida única de 200 millones de pesos destinados directamente a la Universidad en Salto para construir más aulas.
Y ahí, la Universidad no salió a agradecer a los diputados que tuvieron el valor de presentar la propuesta y levantar la mano por ellos. Claro, qué iba a salir, si el Frente no los deja. Se quedaron callados, no hicieron una conferencia de prensa agradeciéndoles por tener el gesto que su propio partido político no tuvo.
A esto sobrevino la negociación con Salto Grande, para que otorgara 1 millón de dólares de los recursos con los que cuenta por el ingreso de camiones a través del peaje del Puente de Salto Grande y que deben ser destinados a la Responsabilidad Social Empresarial.
¿Aplausos para Salto Grande, que tuvo que salir a tapar la necedad de recursos para la Udelar Salto que los legisladores del Frente Amplio no votaron en el parlamento? O ¿tirón de orejas al gobierno que ante la evidencia de falta de respuesta a la casa de estudios, tuvo que pedirle a sus delegados ante la CTM que pusieran ellos la plata para tapar la macana?
El presidente Yamandú Orsi me dijo en la Expo Prado 2026 que más allá de esto, que esté la plata «es una buena noticia y hay que celebrarlo». Minutos antes, el secretario de la Presidencia, Alejandro Pacha Sánchez, me dijo «salteño, viste que pusimos plata para la Universidad. Hay que exprimir más a Salto Grande».
Estoy de acuerdo, pero hay que mirar también más al interior del país, al norte sobre todas las cosas. Y a la Universidad estatal hay que despolitizarla partidariamente y descentralizar en serio la mirada. Sino, la Udelar de Salto, seguirá estancada, miope y con falta de rumbo y eso no le hace bien a nadie.
Hugo Lemos
