Tamara y Nazarena ¿la misma muerte?

El caso de Tamara Borges dejó una importante congoja en la sociedad por la magnitud del episodio y por las características que rodean el caso. Pero hay algo más, este tipo de situaciones que se han repetido en los últimos años en Salto dejan en evidencia que la violencia está implícita a la vuelta de la esquina.

Luego de ocurrido el episodio de los últimos días que golpeó de cerca tanto a los familiares, como a las agrupaciones que se encargan de denunciar estos hechos y a los mismos comunicadores que tenemos que adentrarnos en los casos, para poder informar correctamente, el análisis de los hechos continúa.

Conversando con el colega Rúben Giovanoni en las últimas horas sobre estos hechos, ya que siempre se encuentra recogiendo información y detalles sobre los asuntos, hizo una reflexión que merece atención: «No dudes que lo hagan venir y lo interroguen por el crimen de Nazarena Porto que fue casi de la misma manera».

A Nazarena Porto la mataron el fin de año del 2017, su cuerpo fue hallado en la cañada Santa Cecilia, un arroyo a varios kilómetros de la ciudad, debajo de un puente, luego que su familia denunciara su desaparición. Era joven y siempre frecuentaba lugares donde las invitaciones a circular en vehículos estaban a la orden del día. Hasta ahora no se sabe nada del crimen de Nazarena, solo que su cuerpo fue encontrado en circunstancias misteriosas a varios kilómetros de la ciudad y sin vida.

El misterio aún rodea su muerte ya que si bien está prácticamente claro que se trata de un asesinato, porque además es improbable que la joven llegara sola hasta ese lugar caminando, debido a que no posee auto, se drogara o alcoholizara y pusiera su cabeza adentro del arroyo para dejar de respirar, aún nadie fue aprendido por este hecho.

Pero para los salteños eso no ha sido todo. En las últimas horas vivimos otro episodio similar, cuando Tamara, que tal como escribió Federica Chalar y lo replicaron en varios lados, fue «asfixiada» varias veces por la ausencia del sistema y luego fue «asesinada muchas veces» por el abandono, fue ultimada casi de la misma forma.

Alguien la lleva en su auto, la mata y la arroja desde un puente. Después la desazón, la angustia, el dolor, la impotencia, todo lo que nos dejó ese horrendo caso que padecimos todos, especialmente, su familia y sus pequeños hijos que deberán tener apoyo para no sufrir el mismo destino que Tamara, de abandono, soledad y violencia.

Dos muertes que pasan de la misma manera, en la última hay un sujeto incriminado. ¿Será el mismo? Por ahora nadie lo sabe, solo que las muertes se repiten, siempre con mujeres jóvenes, vulnerables por donde se las mire. Y su indefensión nos hace, por lo menos, cómplices.

Laguardia

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