El mundo de las relaciones laborales atraviesa transformaciones muy importantes en el Uruguay. Desde la creación de la figura del Monotributo, que el ex ministro de Economía, Danilo Astori, impulsó para que las empleadas domésticas y las personas que realizaban oficios de manera informal, pudieran aportar al sistema de seguridad social, la modalidad tuvo un efecto boomerang, para el espíritu de la ley.
Al principio fue una piedra en el zapato para los empleadores, que desde el año 2007 con la reforma tributaria en adelante, se vieron obligados a reducir los márgenes de informalidad con los que se venían manejando. No digo eliminar, pero sí reducir drásticamente, esto coadyuvado con la ley 19,210 de intermediación financiera, que obligó a las empresas públicas y privadas de manera progresiva, a pagar mediante transferencias bancarias. Todo esto dio lugar a un pataleo que quedó por el camino, ya que fue resistido como todo cambio, por nuestro espíritu conservador, pero ahora no hay más remedio y así quedaron las cosas.
El efecto boomerang de la existencia del monotributo, al que las patronales le encontraron la vuelta dentro de la legalidad para usarlo a su favor, fue sustituir la calidad de empleado que tienen las personas, por los costos que trae aparejado ese sistema de relación laboral, por la contratación de monotributistas a los que les llaman «trabajadores independientes».
Es decir, las empresas públicas y privadas, no contratan más empleados como tales, porque con los beneficios que importa esa modalidad para las patronales como es tener que pagar aguinaldos o salarios vacacionales, prefieren usar la figura del monotributo, para que el trabajador sea «independiente» y con ello suprima sus beneficios como empleado, sin dejar de serlo. Porque más allá de todo, sigue condicionado a la relación de subordinación y dependencia hacia su empleador.
Esto ha sido considerado un «acierto» por el sector empresarial, porque los «ayuda a reducir costos». pero a la vez es visto como una «precarización» de la relación laboral por parte de los sindicatos, que plantean dar una discusión que ayude a buscar un punto de equilibrio, en las contrataciones de empleo, para que las conquistas fundamentales de los trabajadores a lo largo de los años, como son las licencias pagas, los aguinaldos, las primas como Hogar Constituido o Asignaciones Familiares, no sean suprimidas y generen pérdidas para aquellos que ponen la fuerza de trabajo y ganaron en la cancha, todos esos beneficios a lo largo de los años en un país con un Estado proteccionista como lo ha sido siempre el Uruguay.
