Madres de adictos a las drogas denuncian abandono y amedrentamiento

Las madres y abuelas de personas adictas a las drogas están solas. En Salto, conformaron un grupo en el que trabajan todas juntas buscando darle contención y ayuda a estas personas, que según ellas, por lo que hacen con sus vidas tienen dos destinos, el cementerio o la cárcel.

Hicieron un merendero en el barrio Salto Nuevo, en la avenida Patulé y Larrañaga, con el fin de que los jóvenes adictos se arrimen al lugar y ellas puedan darle, además de una taza de leche caliente y un alimento, contención, consejos, y ropa limpia. Pero como en todos esos casos ellas están solas con su problemática y al igual que ellos, se sienten aislados y despreciados por las autoridades.

La Intendencia de Salto prometió ayudarlas con un espacio que trabaje con profesionales que ayuden a la recuperación y rehabilitación de estas personas, pero ese espacio nunca llegó.

El Intendente de Salto, Andrés Lima, planteó el tema durante su campaña electoral pero hasta ahora lo único que tuvieron fue una visita de la Junta Departamental de Drogas, que la integran municipales, para pedirles que «no hablaran con la prensa», al difundir su problemática por la prensa local.

«Nos sentimos amedrentadas, porque no nos trajeron soluciones solo reclamos por querer contar lo que nos estaba pasando», señaló Rosario Ugolino, una de las madres que impulsó este grupo y que tiene dos hijos adictos, uno de ellos en la cárcel, quien dijo que pese a todo «van a seguir adelante».

«Hay madres que no reconocen que sus hijos son adictos a las drogas, y tampoco reconocen que ese es un problema entonces no se juntan con nosotros, ni tampoco le dan la atención necesaria a sus propios hijos, es una cuestión de reconocer lo que les está pasando y hacerse cargo», explicó Elizabeth.

Denunció que hay «aguantaderos de gurises que son adictos en varios lugares de la zona sur de la ciudad, pero nadie hace nada y después uno los ve en la calle, solos sin que nadie los ayude», comentó la madre de un adicto a las drogas que lucha para que su hijo salga de ese ambiente que lo calificó como «un infierno».

Hace un tiempo viajaron a Montevideo porque consiguieron una entrevista con el presidente de la Junta Nacional de Drogas, el exdiputado del Partido Independiente y médico de profesión, Daniel Radío, quien durante su época de legislador habló mucho sobre el tema. Pero volvieron 500 kilómetros en ómnibus, con las manos vacías.

«El señor Radío nos dijo que no había dinero para un centro de rehabilitación, que recursos para eso no hay y que tampoco están en los planes de la Junta de Drogas, eso es algo que nos deja el ánimo por el suelo, porque si no tenemos dinero para pagar una clínica de rehabilitación para nuestros hijos, no podemos esperar recuperarlos, sino que terminen en la cárcel o en el cementerio, porque como son pobres no tienen salida», expresó Elizabeth, madre de un adicto e integrante de este grupo, donde son todas mujeres que luchan por sus hijo e hijas adictas principalmente a la pasta base.

Gilma, era la abuela de un joven que consumió pasta base durante muchos años. «Empezó con 15 años y trabajamos mucho para intentar recuperarlo, le dábamos comida, ropa limpia, le hablábamos, pero no hubo caso. La adicción fue más fuerte y golpeamos muchas puertas, pero nadie las abrió».

Contó que la Policía «lo agarraba en la calle, porque él siempre andaba por el barrio, y lo llevaban al Hospital, pero ahí no tienen nada para hacer; y entonces siempre volvía a la calle. Se quitó la vida con 21 años de edad y lo perdimos. Pero yo estoy acá en este grupo para ayudar a otros jóvenes que como mi nieto están sufriendo la misma situación, porque ellos también sufren, son salteños y uruguayos que están sufriendo, pero nadie hace nada por ellos ni la Intendencia ni el Gobierno Nacional».

Elizabeth señaló a este diario que la droga es «una enfermedad» y que abarca «todos los estratos sociales», pero que mientras las autoridades «no reconozcan que la adicción es una enfermedad, los van a seguir dejando de lado, y van a seguir sin hacer nada por ellos, ni la Intendencia, ni el gobierno nacional, porque nadie atiende esta situación que es un drama social y encima ignorado».

La Junta Departamental de Drogas las visitó hace pocos días y si bien escuchó su planteo, les dijeron que «no hablaran con la prensa, porque eso no ayuda en nada». Mientras que en la Intendencia de Salto hay una funcionaria que es «terapueta en adicciones», pero que aclaró que durante la pandemia estaba trabajando solamente por Zoom.

«El presidente Lacalle Pou también sabe de esta situación, conoce la problemática, y en la campaña ellos dijeron que iban a hacer algo con las personas con adicciones, lo dijeron acá en Salto incluso, pero hoy en día no hay un solo plan para ayudar a nuestros hijos para que no se sigan muriendo», expresaron angustiadas.

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